1.- Estar bien con Dios.
2.- Vivir por la fe para ser digno de las bendiciones de Dios.
3.- Honestidad.
4.- Tener el deseo de aprender constantemente.
Analizándolos por separado, vemos que el cristiano que no está bien con Dios abre una brecha para los espíritus malignos y, lógicamente, esa vulnerabilidad será utilizada por ellos para atraparlo en todos los sentidos de la palabra. El empresario cristiano no puede dejar de lado su comunión con Dios. Él es fundamentalmente es que debe ser puesto como prioridad para el crecimiento de la vida empresarial.
